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Liliana Heer ebrio equilibrio
Presentación
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©2003
Liliana Heer |
¿Qué ocurre cuando terminas de leer Ebrio equilibrio?
por Claudio Lomenzo
Mientras intentas recomponerte de ese espeso líquido de fragmentaciones, tes sentás sobre tus isquiones, y lo primero que hace es decir woww ahora debo comenzar, es mi tiempo. E inmediatamente te preguntas ¿comenzar a qué? ¿por dónde Es que todavía te quema ese verso “cuestión de oficio amanecer de nuevo”, o aquel otro que te marca el límite, “junto al precipicio me sentí joven”.
Liliana ha elegido un puñado de palabras que le han develado un nuevo movimiento. Un movimiento producido por una desarmonía y una sinrazón, es decir por un hecho que tiene su anclaje justamente en la esencia de lo poético. Bueno, anclaje no es una palabra feliz para este poemario, porque lo que creo, e que, si uno quisiera sintetizar el relato del libro, en una palabra, diría que la protagonista lo que cuenta es su des anclaje. Pero cuenta, cuenta… tampoco digamos que es una palabra que deba usarse. Podemos contar si, y Liliana lo hace y muy bien, pero la palabra poética es otra cosa, principalmente es ambigua, y esconde significados. Si te atreves a narrar con ella se te rebela, va por donde queremos sí, peo va para donde ella quiere ir, también.
Así que, si no te comprometes con cada uno de los significados que la propia parala atesora te desequlibra todo. Por ejemplo, dice el poema de Liliana: “obtuso alegrarse después”. Y ese después no es el tiempo, es justamente un estar ahí, donde es necio fingir. Y si la llamo palabra poética es porque en su ambigüedad no finge. Es decir, lo que la palabra nombra e aquello que siendo lo que en verdad es, permite ser o no ser nombrado como lo que es, y al mismo tiempo permite ser y no ser lo que es. Sostener ese equilibrio en la ebriedad del lenguaje es una tarea elegida por pocos, y Liliana es una elegida.
Y este libro no finge. Tampoco el ebrio finge: está ebrio. En tal caso lo que desea es fingir su equilibrio. Y ahí anda, camina, repta intentando acomodarse en la vida como puede. Un poco eso es el poeta: un equilibrista ebrio caminando por una cuerda atada a dos rascacielos. Una fina cuerda que va entre esto y aquello, entre el sí y el no, entre ser y estar sobre el abismo. Es para tanto, sí es para tanto. Porque de lo que se trata es de tener mucho más que coraje, y meter la mano en nuestro intestino grande, como dice Vallejo: meditar, reflexionar, poetizarlo y entregarlo todo.
El poeta Arthur Rimbaud escribe el poema: El barco ebrio” y ya todos sabemos que ese barco está ebrio porque navega lleno de agua. Podríamos decir en ese mismo sentido que el equilibrio que propone Liliana, está ebrio porque está lleno de desequilibrio. No con el texto, sí con la vida, dice: “contra el muro nuestra estupidez sin correa”, o “lo nunca muerto acecha”. Disonancias que se desatan de la historia, y que devienen en un nuevo despertar de esa protagonista que requerirá de un nuevo equilibrio.
El poemario parece que lo lees rápido, pero te persigue, lo tenés en tu cabeza todo el tiempo. Te pide respuestas y vos decís: ¿por qué a mí?, ¿yo no tengo nada que ver? Hablas con vos y más hablas con vos, más hablas con las palabras del libro. Ahí es donde te das cuenta que el poemario cierra ese círculo virtuoso entre el poeta, el lector y la poesía. Dice Bretón que la belleza será convulsiva o no será, y este libro seguro t va a perturbar. No porque el tema sea con vos lector, aunque seas el más importante, sino porque como dice Ana Arzoumanian en el prólogo: Liliana nos obliga a mirar sin parpadear el espectáculo del mundo, y fíjate lo que sigue es genial: ese espectáculo bajo escarcha donde vivir y caer ya no son opuestos, sino la misma escena repetida. Digo yo entonces que las dos palabras: vivir y caer, ahora y por efecto de la poesía se componen en una sola y es justo la que te queda en la punta de la lengua cuando terminas de leer el libro.
Por todo lo que descubrí y lo que el libro descubrió en mí, es necesario que recomiende la lectura de Ebrio equilibrio de Liliana Heer. En principio por honestidad poética y seguidamente porque me encantaría verte a vos lector, importunado, equilibrando tu esqueleto, navegando por ese espeso líquido de fragmentaciones.
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