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Liliana Heer Reseñas
©2003 |
Buceos Por Macarena Cordiviola
Este poemario lleva como título un oxímoron, un guiño de estilo. "Ebrio" y "equilibrio" comparten raíz etimológica con alusión a libra, la balanza; en su fono asoma la embriaguez como equilibrio, o bien el equilibrio deviene ebriamente. Cuando Heer alitera e y bri, crea un vaivén fonético acentuando el ritmo. Podría leerse en dos direcciones: hacia Baudelaire (Il faut être toujours ivre) y hacia Celan, cuya poesía camina por un hilo tensado sobre el abismo. La dedicatoria "un pentagrama de bemol incertidumbre" prolonga esta secuencia musical cual metáfora en versión descenso. Ebrio equilibrio construye una fonética del roce. No hay vocales abiertas ni cantos sostenidos; predominan las consonantes, friccionan, cortan, irrumpen: “los sonidos / serruchan burbujas”. "Serruchan" opera de clave acústica; el sonido no fluye, sierra algo tan frágil como burbujas, una sorda violencia hacia lo efímero. Así, las sibilantes recorren los poemas con un serrucheo permanente: zancadillas, zancos, zumba, suspiros, sintaxis, escalpelo, spleen. En cuanto a las palabras en otros idiomas -flow, outsider, rush, stop, no way, trick, spleen, s'il vous plaît, obiter dictum, subit et subi, quia frigus erat- son cuerpos sonoros, pequeños injertos de lenguas que no ceden, no se disuelven. El latín funciona como sedimento arqueológico: inesperadamente la lengua muerta sostiene lo más vivo del texto. Uno de los gestos originales de Ebrio equilibrio es la convivencia del vocabulario médico con el coloquial o incluso lunfardesco: electrodos, laringe, cerebelo, retina, valvas, vértebras, rush, trick, flow, outsider, gag, rock, spleen, martingalas, mondadientes, jarabe de erizo, salivazo. Esta combinatoria sugiere que el cuerpo es simultáneamente objeto clínico, mercancía culta, experiencia visceral. Escalpelo y bisturí no son metáforas de la escritura en el sentido romántico, sino material de una disección aplicada sobre el sujeto mismo y el lenguaje: “miro la punta del escalpelo / disuelvo certezas”. El escalpelo arma una delicada paradoja: efecto incierto. Codeos El epígrafe de Felisberto Hernández -“Tal vez me haya despertado el cansancio”- instala cierta ambigüedad entre sueño y vigilia. Podríamos suponer en esta elección un intento de instalar esa latente contradicción que recorre el poemario. Heer cabalga una “lógica onírica” similar. En “buceo lógica flow” hay cierta racionalidad subacuática. César Vallejo resuena en la sintaxis. El uso del cuerpo como campo semántico, más algunas luces de humor negro: “vamos con martillo a ganar el pan” Esa imagen de Vallejo -el pan ganado a martillazos- está presente en el reciente libro de Heer con mayor ironía, despojada de heroísmo. Baudelaire es una presencia estructural: el spleen se nombra y la arquitectura del libro- ciudad vitrada, abismo, la embriaguez como postura filosófica- nos lleva a recordar Las flores del mal y El spleen de París. Pero Heer le quita el dandismo a Baudelaire; el sujeto de Ebrio equilibrio no posa, tropieza. Marguerite Duras es una presencia tonal en ciertos poemas de silencio y deseo: “subí a la cabina por un film / fue entonces / mi boca no se abrió” Esta escena de parálisis frente a la cámara, la boca sin abrirse, podría ser una escena Duras. Sin embargo, Lady Macbeth es el único personaje citado. Su presencia afirma: “no se lava la culpa, hay sangre, el agua no alcanza a lavarla”. Transparencias “Un borracho equilibrista / yerra el salivazo” Este poema encarna asombrosamente el título del libro. El equilibrista borracho no cae, pierde la dignidad en un gesto menor: el escupitajo errado. “desde la cúpula del cementerio / veo tinta en otro puño" Escribir aparece como acto reflejo, en manos ajenas, ignorando quién. ¿Se escribe o se es escrito? "entro al abismo sin equipaje / con un salvoconducto diestro en intervalos" El último poema es un abismo ya no romántico ni suicida, es entrada con documento en mano y sabiduría de intervalos: fingir aceptar la ley y sentir placer ante el vértigo. Sujeto poético En Ebrio equilibrio el sujeto se hace y deshace en tiempo real, a veces duda de su consistencia: “escondida pregunto / quién es / no hay quien / solo extraña ser buscada”. El sujeto no pregunta quién soy sino quién es, en tercera persona, como
si se observara desde afuera. La respuesta borra al sujeto y al interlocutor simultáneamente. La protagonista no busca, extraña ser buscada. Si otro la desea, habrá fenomenología del encuentro. Ebrio equilibrio es un poemario que piensa con el cuerpo gramático; invita a reflexionar a través de la fricción de fonemas significantes. Un lector con alto nivel de arrojo buceará sin temor por sus aguas.
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