Liliana Heer

Contratapa
Primer capítulo
Presentación
Reseñas

<



©2003
Liliana Heer

Reseñas de Pretexto Mozart

---------------------------------------------------------------
                                     Menú
---------------------------------------------------------------




Por Jorge Ariel Madrazo
El Arca Digital,  Sección Libros
Buenos Aires, febrero de 2005

---

Dueña de un extendido prestigio -fue traducida al inglés, italiano, francés y serbio y anima foros especializados en el exterior-, Liliana Heer trasciende su oficio mismo de escritora: es connotada psicoanalista de la escuela lacaniana; además, investigó en Teoría del Cine Clásico, Moderno y Neobarroco y escribió guiones fílmicos. No son datos superfluos: aunque Heer escribe desde y para la palabra, los relatos, novelas y ensayos de la autora santafesina están atravesados por el flujo desconcertante muchas veces, siempre desestabilizador, que mana de un bisturí hundido en voces y en actos donde lo "diferente" suele reemplazar a lo "normal". Y, cada vez más, ese mundo-Otro se presenta en forma de escenas vertiginosas pero al mismo tiempo estáticas y fragmentadas, como puestas bajo un microscopio tórrido y, sin embargo, distante, aunque contengan en este caso referencias a luchas sindicales en un frigorífico y a un inconfundible Coronel.... La autora de novelas fundamentales como Bloyd (premio Boris vian 1984), La tercera mitad (1988), Frescos de amor (1995), Ángeles de vidrio (1998), Repetir la cacería (2003), entre otros relatos, ensayos y trabajos críticos, ejercita aquí su sutileza literaria y de incisiva buceadora de la subjetividad: "Como si los encuentros tuvieran esperanza real, cuando Carolina se unía a alguien era tan verdadera que nadie podía prever en ella la repetición de un ciclo. Parecía tener una brújula cuyo eje mayor señalaba el desencanto. Antes de la cristalización de ese signo, se iba..."(...) "El amor, un palimpsesto. Cobijo de encantamientos raídos". En esta escritura con cuerpo, Heer enhebra los hitos del apego y el desapego, el erotismo y la locura, a través de situaciones atípicas: la adolescente Belén, cuya mancha en el pulmón desaparece de pronto (una transición enigmática de innúmeras consecuencias), de pronto es abusada por su médico, originando una relación que se tornará un menage a quatre; más su lazo de equívoca complicidad con Carolina, amante de su padre, estanciero y ocasional crítico musical. Una crítica suya sobre el Don Giovanni hace sospechar: Mozart es pretexto de su propia sensualidad. Y hay un hombre que le roba la mujer a su hermano, Florindo, en el contexto del feroz clan campesino Kluger donde flota, por ejemplo, el terror a ser enterrados vivos; y donde la madre vieja -vuelta loca, y corrompida- es emblema de degradación para alarma del cura Walczak (nombres y escenarios europeos alternan, en Heer, con los locales, Carolina estudia serbio; distancia y cotidianeidad van unidas por la cola). La prostituta Lucrecia, el loquero llamado La Zona -¿un homenaje al director Tarkovski?-, el loco del hacha devenido jardinero, la realidad exterior no menos extraña... El capítulo que cierra esta novela notable, invade al lector con su turbadora poesía, su extrañamiento casi onírico, su nostalgia de un mundo que murió. Como bien señala la contratapa: en esta escritura sin red, a través del relato de una pequeña comunidad se vislumbra la lógica de una época clave de nuestro país.

---